Me enseña la mano extendida
el fruto y su interior
en una mirada casual
donde impone la curiosidad
una indagadora escena.
Pequeños y rojos corpúsculos
permanecían ocultos y unidos
quizá esperando oportuno el momento
y truncado su latente afán
por la indagación inhumana.
Bombea el corazón la sangre
que no es capaz de detener
el transcurso del tiempo
aunque lo noto en mi exterior
en un complejo sentimiento
de regocijo y añoranza.
Puede que ese ambarino óvalo
al descubierto sus entrañas
me recuerde que la temporalidad
apremia tomar cada instante,
momento, amistad, experiencia
en algo único e irrepetible…
anoto, no se te olvide
valorar esos momentos.
José Luis

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