viernes, 14 de agosto de 2026

El Alto del Perdón

                                                                                                                     Agosto 2012
 

El Alto del Perdón es un emblemático puerto de montaña a 770 metros de altitud en la Sierra del Perdón, situado en el Camino Francés entre Pamplona y Puente la Reina (Navarra).

El Monumento al Peregrino es un famoso conjunto de siluetas metálicas obra del escultor Vicente Galbete, instalado en 1996.

Lleva grabado el lema «Donde se cruza el camino del viento con el de las estrellas».

Ofrece impresionantes vistas panorámicas y convive en la cima con numerosos molinos eólicos de un parque de energía limpia.

De cuando era peregrino... 

jueves, 13 de agosto de 2026

Madurez y belleza


 

A veces en la madurez está la belleza...

ya se ha ajado lo que fuera un retoño

transformándose en el acicalado

de un garboso y fascinante objeto,

la incipiente y glauca frescura

es ahora una fina y lacrimosa lámina.

  

Los ambarinos y abultados granos

se asoman con la provocación y el deleite

de quien lo observa, la mazorca lista

está para ser irremediablemente recolectada.

 

¿No te dan ganas de alargar la mano

y hacerte parte de su esplendor?

 

José Luis

domingo, 9 de agosto de 2026

Barquillero y barquillera


 

Echemos la vista atrás

hacia los dorados años de la niñez

cuando de paseo íbamos de la mano

con nuestros padres,

podría ser perfectamente un domingo,

Cuando no estaban tan ocupados como a diario.

  

Las zonas de paseo siempre eran lugares comunes

donde nos integramos en la colectividad

se cumplía con los saludos y los guiños

en la mirada, no sé si yo llegaría a entenderlos.

  

Era divertido ver el bullicio

y soltarte de la mano para correr,

quizá ya buscábamos esa libertad

de la que gozaban los adultos.

  

Y, cómo no, en esos lugares algunos

se ganaban el sustento

ante el irresistible tintineo de peticiones…

anda, cómprame esto, cómprame los otro.

  

No podíamos apartar los ojos de ese señor

con su roja lata cilíndrica que escondía el tesoro,

el barquillero siempre atento con los niños

su sonrisa era el gesto cómplice

la obligada parada.

  

La transacción por una moneda era

poder hacer girar con todas tus fuerzas

la traqueteante ruleta entre pequeños barrotes

cruzando los dedos y cerrando los ojos

para que se parara en el mayor de los números,

y así conseguir el dulce premio, canuto o abanico

de harina, azúcar y agua… los barquillos.

 

Hacerlos crujir entre los dientes

sentir el apacible sabor en la boca

y notar cómo resbalaban

pequeñas y finas laminillas

entre las comisuras de los labios

significaba la mayor de las felicidades…

hasta que se acababan.

  

Hoy también esa silueta del barquero

con su barquilla al hombro colgada

eso, indefectiblemente, también ha acabado;

esta actividad ambulante de repostería

perdura en los ecos de cuando fuimos niños…

“Al rico barquillo de canela

para el nene y la nena”.

 

José Luis