El reflejo de las catedrales de Salamanca
en el río Tormes es siempre un ESPECTÁCULO.
Tomada en marzo del 2025
Persigo rastros, hostigo pistas... a través de palabras, fotografías e imágenes mientras camino...
El reflejo de las catedrales de Salamanca
en el río Tormes es siempre un ESPECTÁCULO.
Tomada en marzo del 2025
Esa tonalidad anaranjada de las flores
por encima de la roca irguiéndose
junto a mis ojos para contemplar el horizonte
donde quizá sean recuerdos las ondulaciones
de otras flores antepasadas...
me encanta.
Esos rayos de sol ocultos por las nubes
pero luminosamente rebeldes
son mis recuerdos también de hace 18 años,
furtivos entre las arrugas de mi piel
que anunciaban la plenitud venidera.
Y el grisáceo cielo
compitiendo con las blanquecinas nubes
me cedió la oportunidad de eternizar
aquel momento en lo que fue un presente
y ahora como regalo, evocación.
© José Luis
Tímidamente
despojadas de su alcurnia
fueron con el arisco aire
por el suelo depositadas,
sin posibilidad de escapatoria
en mis sentidos ancladas.
Rojas bolas de madroño
al tacto notoriamente rugosas
ambarinas en su esencial interior
levemente de lluvia lagrimosas
disipan su imperceptible amargor.
Sumergida en negro la tierra
ahora luce en gotas de sangre
la eventual sensibilidad huidiza,
asemejando herida de gloria
o lamento de arraigo perdido.
Así la circunstancia humana
relajada en los pasos otoñales
recoge de tu condición en mis ojos
el desvelo de un corazón absorto…
temporalidad en continuo trasiego.
© José Luis
Quisiera ser hoja verde de primavera
hoja suave y tierna
dejarme mecer por los vientos
y brillar con la luz del sol.
Quisiera ser hoja verde de primavera
sentir el aire fresco
ir creciendo en la rama
y rozar las alas de los pájaros
al caer la noche.
Quisiera ser hoja verde de primavera
rielar con los primeros fríos
sentir que mi interior cambia
y vestir un nuevo color.
Quisiera ser hoja dorada
hoja ocre, hoja marrón
saber que de mi tiempo he disfrutado
y verme rilar en las pupilas
admiradas de un otoñal mirar.
© José Luis
¿Dónde está la belleza?
¿En la mirada?
¿En lo que se ve?
¿En los colores?
¿En la imagen?
¿En la emoción?
¿En el recuerdo?
¿En lo que ve el corazón?
¿En quien mira?
……………………………………
¿Dónde?
Flotan la nubes, pareciera que suspendidas en la inmensidad azulada del horizonte. Consigue el sol sus glaucas pinceladas sobre la tierra, a la que, en ocasiones, acompaña su inseparable hierba. Noto el aire entre mis dedos, resbalando dulces pensamientos mientras los pasos, imparables, se quejan de la pesada marcha entre tórridos rayos.
A lo lejos me lleva la mirada, tan lejos que hace pequeñas las montañas. Qué arduo es saberse tan lejano y, a la vez, mantener presente los recuerdos de tantas piedras pisadas, de tanta sombra entre bosques o de tanta lluvia en la capa. No importa la distancia cuando allí me lleva la alegría.
Por senderos de Portugal se va extendiendo mi camino entre campos, ciudades amables, corrientes serpenteantes y aguerridos valles. Quizá alguna ojeada me reconozca tras sus vidrios... ese caminante, que de vez en cuando, le trae inexcusable su infancia.
Dejaré estar mi mente concentrada en el paisaje, la grabaré tal cual aparece en la imagen, para cuando me acuerde, vuelva a ella y sienta la quietud de aquel instante.
© José Luis
El ancestral carnaval de la aldea de Podence es uno de los
eventos tradicionales más importantes del norte de Portugal. La gran
participación de la comunidad que ha logrado preservar esta tradición
durante siglos y la importancia que actualmente tiene en los eventos
culturales de la región han sido determinantes para que la UNESCO
declarara al Carnaval de Podence Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Durante el Carnaval, las figuras "diabólicas" de los Caretos
—jóvenes con trajes de flecos de colores, máscaras de nariz puntiaguda
hechas con latas de estaño o cuero y cencerros en la cintura— deambulan
por las calles de Podence haciendo ruido y perturbando la tranquilidad
habitual de la aldea.
En su origen estaban asociados con la
figura del "diablo suelto" y representaban los excesos, la euforia y la
alegría que se permiten en esta época del año, después de los fríos
meses de invierno, celebrando a su vez la fertilidad de la primavera que
se acercaba.
Estuve allí el 11 de febrero de 2017 con el grupo Debotas de Salamanca.