en las ramas invernales de los robles,
en los secos roquedales montañosos,
en las pétreas cortinas musgosas,
en el interior de mi pupila
mientras permitían las brumosas mañanas
nuestro andar
y esas ocres hojas caídas
nos aromatizaban al unísono
de nuestros pasos.
Echar la vista atrás
y recordar ese verdor
nos acerca más a otro diferente caminar
entre paisajes reales e imaginarios,
entre risas y palabras suspendidas en el aire,
entre pedregosos senderos
y orillas fluviales rumorosas.
Salir al campo y disfrutar
de sus extraordinarios rincones
es esa atractiva manera
de sentirnos vivos
los que exploramos la naturaleza.
© José Luis

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